jueves, junio 26, 2008

¿Microrelato Gráfico?

Reconozco que tengo predilección por El Roto. Acostumbra a ser demoledor con sus metáforas y sus críticas mordaces a la estupidez nuestra de cada día. Pero hay días en que lo encuentro especialmente literario, al tipo. ¿No es esta viñeta todo un microrelato? Vale, no es Monterroso, ya; pero la viñeta, aunque no lo diga explícitamente, también me hace pensar en un dinosaurio, en fronteras entre el sueño y la vigilia, lo soñado y lo real, un despertar, un todavía; a pesar de que no tenga un “allí”. ¿Cabría la existencia de un genero “microrelato gráfico”? Desde luego, El Roto sería el más indicado para experimentar con ello.

jueves, junio 19, 2008

Los Premios Ejército. En serio...

Cada vez ocurre con más frecuencia que, al encender el ordenador en la mañana, café en mano, y prepararme psicológicamente para otro día fofo y desabrido, me pregunto ¿cuál será la estupidez más estúpida que vaya a leer hoy un ciudadano cualquiera?, ¿con qué retorcimiento rocambolesco del ingenio nos sorprenderá algún “abrazafarolas” (que diría Matías Candeira), algún “conmovedor pajecillo” (que diría Ángel Zapata) en este día que ahora amanece soleado (lluvioso -según la época-, gris, o con un cielo que está “enceodosado”, ¿quién lo “desenceodoseará”?, etc.) y que poco promete, si no nada?
Pues en esta mañana, que igual está soleada que con cielo enceodosado, ya digo, la estupidez ha madrugado más que yo, más de lo habitual y me ha jodido la esperanza bien tempranito. Sin más, os presento la última noticia que ofrece el medio digital http://www.nortecastilla.es/ para Castilla y León. Redoble de tambores castrenses y:

¿Qué más se le puede pedir a la vida? No tenía ni idea de que existieran (¿debería decir “aún”?) unos premios Ejército (pronúnciese “¡EJEERCITOO!” al modo en que lo haría Fernando Fernán Gómez para remarcar el patetismo decadente de tan ilustre institución) Y no se trata de un certamen cualquiera, no, es uno, grande y... a nivel nacional (algo lógico, si se piensa un poco, claro. No iba a dividirse un premio Ejército en otros tantos premios autonómicos disgregantes que puedan causar la desintegración de la unidad patria ¿verdad? No podríamos permitir semejante desfachatez –esto también se puede pronunciar a lo Fernando Fernán Gómez, sí-)
¿Por dónde iba? Ah, ya:
“Los premios Ejército –continúa la noticia- pretende propiciar la creación artística y literaria referida a las múltiples facetas del Ejército, así como el conocimiento y la divulgación de la vida militar.”
“Los galardones se entregarán hoy en una ceremonia en el Cuartel General del Ejército de Tierra, en el Palacio de Buenavista de Madrid. El colegio recibirá 3.900 euros, un trofeo y un diploma acreditativo”

Pero aún hay más. Varios medios se hacen eco de la noticia. Hay un detalle que me ha emocionado especialmente. Informa EUROPA PRESS:

“Otro de los protagonistas de la gala será el escritor y académico Arturo Pérez Reverte, quien recibirá de manos del jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME), general de Ejército Carlos Villar Turrau, el sable de oficial general que se concede cada año como 'Distinción especial' a la persona, entidad u organismo que se haya caracterizado por "su vinculación al Ejército de tierra, colaborando con sus trabajos o aportaciones, a mejorar su prestigio o apoyando la divulgación de los Premios Ejército a lo largo de su historia".
Hasta aquí puedo leer.
Rompan filas

miércoles, junio 18, 2008

Fragmento de "La Muerte de Ivan Ilich"

No sé por qué, hoy este fragmento me está revolviendo algo...
Su recuerdo me ha asaltado muy temprano, se ha duchado conmigo, calzado mis zapatos, me ha agarrado de la manita y se ha venido en el metro conmigo para sentarse a esta mesa de oficina desde la que miro este mudo en red [ado].



“Iván Ilich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.
El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter: «Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo. Que Cayo -ser humano en abstracto- fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, ni era un hombre abstracto, sino un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás: él había sido el pequeño Vanya para su papá y su mamá, para Mitya y Volodya, para sus juguetes, para el cochero y la niñera, y más tarde para Katenka, con todas las alegrías y tristezas y todos los entusiasmos de la infancia, la adolescencia y la juventud. ¿Acaso Cayo sabía algo del olor de la pelota de cuero de rayas que tanto gustaba a Vanya? ¿Acaso Cayo besaba de esa manera la mano de su madre? ¿Acaso el frufrú del vestido de seda de ella le sonaba a Cayo de ese modo? ¿Acaso se había rebelado éste contra las empanadillas que servían en la facultad? ¿Acaso Cayo se había enamorado así? ¿Acaso Cayo podía presidir una sesión como él la presidía?
Cayo era efectivamente mortal y era justo que muriese, pero «en mi caso -se decía-, en el caso de Vanya, de Iván Ilich, con todas mis ideas y emociones, la cosa es bien distinta. y no es posible que tenga que morirme. Eso sería demasiado horrible».”
(Leon Tolstoi)

viernes, junio 13, 2008

Cadenas

Esta semana, otros tantos aspirantes a universitario han tenido que pasar ese mal trago de enfrentarse al fantasma podrido de la selectividad. De entre ellos, a quien más y a quien menos, ese espectro cretrino y mohoso le venía rondando el umbral, amenazante, haciendo sonar sus cadenas oxidadas, desde hacía meses, si no algunos años. Me entran ganas aquí de ejercer de “abuelocebolleta” y contar en detalle mis experiencias –en plural, que me presenté una segunda vez para subir la nota- con el tema; pero me contengo, al menos todo cuanto puedo. Lo más común, ahora como entonces, es escuchar pestes de las pruebas de humanidades. Es comprensible, teniendo en cuenta el modelo educativo que impera. A unas mentes acostumbradas al 2+2=4, al abrigo confortable de las fórmulas, la repetición, los patrones, la clasificación, etc., etc., un comentario de texto es algo tan etéreo, tan inaprensible y fuera de órbita, como el trance en una sesión de espiritismo. Sólo aquellos que son una especie de médium de lo abstracto se enfrentan a la tarea sin pavor. Lo desconocido asusta: a mí me asustan aún ciertas ecuaciones con signos fascistas. Sin embargo, disfrutaba como alguien libre cuando tocaba hacer las pruebas de historia del arte, de latín y, ya el summum, el comentario de texto, en el que podías comparar un fragmento de Cela con la menopausia de tu madre, si tenías los huevos de encontrarle una convergencia. No me imagino cuánto podría haber disfrutado si aquel día, en ese aula magna con olor a un futuro embustero, hubiera tenido delante, como una aparición de otro mundo, un relato de Mil Cretinos, como les ha ocurrido a los estudiantes barceloneses con el ejercicio de lengua catalana y literatura. Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury, de Monzó, ya figuró hace dos años como lectura obligatoria en el preparatorio para la selectividad. Entonces llegaron los salvadores de almas ultracatólicos y calificaron el texto como “pornográfico” y otras estupideces más del aplio espectro que manejan. Ante esta obsesión sexual y represiva -digna de diván-, el texto quedó fuera del examen. Este año no. Este año, además, a los examinados se les instaba a extenderse en el análisis de las diferencias entre el cuento y la novela. Esto sí que me da miedo. Aunque, fantasmas a parte, de verdad, pagaría por poder leer las respuestas a este ejercicio.

jueves, junio 12, 2008

Hay que joderse con el género (y no tiene nada que ver con la ministra de igualdad...)

A veces, con una buena dosis de ingenuidad, he de decir, quiero creer que la pregunta de marras se ha agotado, que ya no es posible formularla porque, aunque quisiera, el preguntador/preguntadora sentiría una especie de punzada en la cabeza al componerla mentalmente, un dolor recordatorio de que los tópicos cansan, de que a aun cuentista, por tolerante que sea, la cuestión le resulta tan manida que no puede por menos que resoplar. Y, sin embargo, me da por leer la entrevista que le hacen a Irene Jiménez hoy en Público, acerca de Lugares comunes (Páginas de espuma), y ahí está de nuevo: “¿Va a probar la novela?”. A la entrevistadora (Paula Corroto) le resulta tan original la cuestión que hasta se sorprende con la respuesta y la resume en el titular: «El relato no es una antesala».
Esto viene a ser como preguntarle a la pareja de recién casados: “¿Y los niños para cuándo?”.

miércoles, junio 11, 2008

Algo de color...rojo

Después de más de un año en marcha, hoy me he dado cuenta de que algo había que hacer con este blog para que no me resultara tan "siempre-lo-mismo". Lo miraba a ratos, entre café y café, y no podía evitar que me resultara un poco aburrido. Así que, a media mañana, por fin, he decidido ponerle un poco más de rojo por aquí y por allá–de eso que no falte-, recolocar las cosas de otra manera, renovar las ganas de seguir y, a ser posible, mejorar con lo aprendido hasta el momento -total nada...
No es una nueva etapa, el cambio no da para tanto; pero sí un nuevo aspecto y un chute de ánimo para dedicar más tiempo e ilusión a este medio que, en realidad, me ha dado más placer de lo que esperaba. Gracias a este espacio he estado en contacto con mucha gente interesante con cosas que decir.
Eso, y que hoy me aburría mucho en la oficina y no tenía ganas de trabajar, claro.

viernes, junio 06, 2008

Soy Rey de Roma

En una entra anterior, del 19 de mayo, hice una referencia fugaz a Fernando Pessoa, con su forma peculiar de utilizar la gramática para mandar en las expresiones, para fotografiar los sentimientos; no sirviendo a la norma y a lo cotidiano, sino hablando, diciendo. Y desde entonces me quedé con la sensación de que, precisamente por el hecho de haber incrustado la expresión de Pessoa forzando el contexto, allí no se entendía nada de lo que realmente quise decir con ideas prestadas. La verdad que, para aquella entrada de chichinabo, poco importa ya traer explicaciones; pero sí que me parece interesante copiar este fragmento del “libro del Desasosiego”, en el que Pessoa muestra su visión acerca del empleo de la gramática. Espero que lo disfrutéis, al menos quienes no lo hayan leído ya.

"He meditado hoy, en una pausa del sentir, sobre la forma de prosa que utilizo. Realmente, ¿cómo escribo? Tuve, como otros muchos han tenido, la intención depravada de querer tener un sistema y una norma. Es cierto que escribí antes de la norma y del sistema; en eso, sin embargo, no soy diferente de los otros.
Analizándome al atardecer, descubro que mi sistema de estilo asienta en dos principios, e inmediatamente, y a la buena manera de los buenos clásicos, erijo esos dos principios en fundamentos generales de todo estilo: decir lo que se siente exactamente como se siente -con claridad, si es claro; oscuramente, si es oscuro; confusamente, si es confuso-; comprender que la gramática es un instrumento, y no una ley.
Supongamos que veo frente a nosotros una muchacha de maneras masculinas. Un ser humano vulgar dirá de ella: “Aquella muchacha parece un chico”. Otro ser humano vulgar, ya más próximo a la conciencia de que hablar es decir, dirá de ella; “”Aquella muchacha es un chico”. Otro más, igualmente consciente de los deberes de la expresión, pero más animado por el apego a la concisión, que es la lujuria del pensamiento, dirá de ella: “Aquel chico”. Yo diré: “Aquella chico”, violando la más elemental de las reglas de la gramática, que ordena que haya concordancia de género y número entre el sustantivo y el adjetivo. Y habré dicho muy bien: habré hablado en absoluto, fotográficamente, lejos de la vulgaridad, de la norma y de la cotidianidad. No habré hablado, habré dicho.
La gramática, definiendo el uso, establece divisiones legítimas y falsas. Divide, por ejemplo, los verbos en transitivos e intransitivos; sin embargo, el hombre que sabe bien decir tiene muchas veces que transformar un verbo transitivo en intransitivo para fotografiar lo que siente, y no para, como el común de los animales hombres, ver a oscuras. Si quiero decir que existo, diré “Soy”. Si quiero decir que existo como alma separada, diré “Yo soy”. Pero si quiero decir que existo como entidad que a sí misma se dirige y forma, que ejerce ante sí misma la función divina de crearse, ¿cómo he de emplear el verbo “ser” sino convirtiéndolo súbitamente en transitivo? Y entonces, triunfalmente, antigramaticalmente supremo, diré “Me soy”. Habré expresado una filosofía en dos breves palabras. ¿No es esto preferible a no decir nada en cuarenta frases? ¿Qué más puede exigirse de la filosofía y de la dicción?
Obedezca a la gramática quien no sabe pensar lo que siente. Sírvase de ella quien sabe mandar en sus expresiones. Cuéntase de Segismundo, Rey de Roma, que habiendo cometido, en un discurso público, un error gramatical, respondió a quien se lo hizo notar: “Soy Rey de Roma, y estoy por encima de la gramática”. Y la historia cuenta que desde entonces pasó a ser conocido como Segismundo “Supa-grammaticam”. ¡Maravilloso símbolo! Cada hombre que sabe decir lo que dice, es, a su modo, Rey de Roma. El título no es malo, y el alma es serse
. "


(Fernando Pessoa. Libro del desasosiego)

lunes, junio 02, 2008

Quim Monzó en la Feria del Libro de Madrid

Siempre hay que conservar un algo jodidillo, porque si no....
Por lo general, tengo la sensación de que una coincidencia de las de sábado por la mañana será del tipo:
a) me encuentro a mi hermano en un semáforo, poco después de haberle dicho que no podía ayudarle con la mudanza –“¡qué putada, tío, no sabes cómo lo siento...!”- porque iba a estar el fin de semana fuera;
b) precisamente la camiseta negra que dice “Yo también soy de Palestina” es la que sigue demasiado húmeda en la cuerda de tender y no hay quien se la ponga así, mientras que la verde-pistacho está dobladita y lista para ser usada;
c) la nevera está vacía, no he hecho compra en toda la semana, no tengo excusa para no hacerla en este momento;
y d) unos cuantos “etcs” más, jodidos e irreparables. Es verdad que, al menos en lo que a coincidencias se refiere, mis sábados por la mañana son una ventana al mundo del burgués de clase media que tanto me atormenta; pero aún así he decidido tener esos momentos no combativos también, por mi bien y el de aquellos que me rodean.
Pero este sábado en la mañana, contra el pronóstico del tiempo, la necesidad urgente de abastecerme de alimentos, y la preferencia personal de ir a la Feria del Libro un martes por la tarde junto a mi padre, me doy una vuelta por El Retiro. Accedo a los jardines por una de las entradas de Menéndez Pelayo, subo hasta el Paseo del Duque de bla,bla,bla... y ¡Ssssplash!, nada más sumergirme en el fluir errático de “mira-casetas” con patas, giro a la derecha y
¡Coño, qué coincidencia, Quim Monzó firmando libros!.
Coincidencia, sí, porque no tenía ni idea de que iba a estar allí.
¿De qué habla un desconocido con un maestro del anti-tópico como Monzó? De tópicos, por supuesto: el siempre socorrido víacrucis del escritor de relatos para encontrar editor, las costumbres lectoras de la época, la mediocridad y/o la petulancia, etc.
“No lo entiendo -me dice-, a la gente le debería gustar más leer relatos que otros géneros. Con la cantidad de cosas que hay que hacer hoy día, teniendo cine, teatro, Internet, los blogs, la buenas series de televisión -es admirador de "Los Soprano"-, la música... queda poco tiempo para cada cosa y sería lógico que se leyeran relatos, que se pueden acabar de leer de una vez”. A colación, hablamos de Raymond Carver y del hecho de que hubiera elegido escribir relatos cortos para así poder terminarlos, o eso afirmaba. “Yo tengo una teoría –añade Monzó-. Está claro que la mayoría de la gente que se compra un libro no lo hace para leerlo, sino para tenerlo y hablar de que lo tiene. Por eso, cuanto más grande y conocido sea el libro, mucho mejor”. “Yo tengo Guerra y Paz” en casa –le digo- para que me juzguen bien las visitas”.
Monzó ha pasado un época “de mierda”, con sus padres en un geriátrico en la recta final de sus vidas y, como él mismo dice, eso se refleja, aunque con humor, en Mil Cretinos, su última colección de relatos. En ese tiempo de acompañar a sus padres tomó muchas notas útiles para analizar al ser humano. Para Quim Monzó, el estado de ánimo, más allá de esta época difícil pasada suya, siempre se refleja en la atmósfera que envuelve la obra. Admite, claro, tener otros relatos anteriores más alegres, pero siempre conservando “un algo jodidillo, porque si no...”.
Para entonces, las dos señoras de Barcelona que tenía literalmente subidas a la espalda ya me hacen daño con sus miradas de cuchilla gillette y me tengo que despedir.

¡Qué pena, a saber cuándo vuelvo a tener otra coincidencia como esta un sábado en la mañana!

Nota 1: he intentado ser lo más fiel a los diálogos que he podido, y creo que me ha ido bien. Lo he hecho, por un lado, por mantener un cierto rigor en el blog; por respeto, también; pero, sobre todo, porque Quim Monzó amenazó con entrar en el blog y desmentir todo lo que escribiera, e incluso acusarme de haberme ido sin pagar el libro, lo cual no puede ser cierto, porque las señoras de detrás no hubiera dejado pellejo en mi cuerpo.

Nota 2: si uno se fija en la foto, la coronilla que asoma por detrás de la pantalla de libros es la de Paul Preston. ¡Menuda caseta! Me la hubiera llevado a casa.

lunes, mayo 26, 2008

Comida a precio de petróleo

Copio un artículo, aparecido en El País el pasado 22 de mayo, en el que se da una visión bastante más realista de lo habitual acerca de la crisis alimentaria que se está padeciendo en los países más pobres del planeta. Su autora, Loretta Napoleón, dispersa discretamente ciertas cortinas de humo (la creencia oficial) que las multinacionales producen y fomentan, y que los medios de comunicación mantienen sin cuestionar lo que se les da casi hecho. Algo lejos de denunciar toda la verdad aún, no es un mal comienzo y, sin embargo, me atrevo a asegurar que este artículo será ignorado y/o criticado sin pudor.


Comida hay, pero a precio de petróleo


El que 1.000 millones de personas pasen hambre pese a haber comida para todos se debe a que ya no se produce para la economía nacional, sino para la mundial. No deciden los Gobiernos, sino las multinacionales


LORETTA NAPOLEONI 22/05/2008
En el mundo hay comida para todos. Los precios de los productos alimenticios, teniendo en cuenta la inflación neta, son más bajos que hace 40 años, y la dieta ha mejorado. Sin embargo, 1.000 millones de personas padecen hambre. Son las contradicciones de una economía globalizada en la que las realidades locales se desvanecen. Así lo denuncia el informe del grupo Evaluación internacional de la ciencia y la tecnología agraria para el desarrollo (en sus siglas en inglés, IAASTD), un grupo de 400 científicos auspiciado por el Banco Mundial y Naciones Unidas. El documento se publicó a principios de abril, en medio de una crisis alimentaria que trae recuerdos de la Gran Depresión.
El problema no es la escasez de productos agroalimentarios sino su coste, que, en muchos países, los hace inaccesibles para los más pobres. El aumento de los precios está unido al aumento del precio del petróleo, la voracidad de la demanda asiática y las difíciles condiciones climáticas que se han vivido en algunos países. La inflación alimentaria multiplica el número de hambrientos y globaliza la crisis. "El alto coste de la vida aflige a los 1.000 millones de personas que viven bajo el umbral de pobreza -el 70% de ellos en África- y a los otros 4.000 millones que viven en los 58 países más pobres del mundo. Toda esa gente, de pronto, ha dejado de poder comprar los productos expuestos en las estanterías de los supermercados", explica Willie Reimer, director de la ONG estadounidense Food, disaster and material resources . Pero también afecta a los países occidentales, en los que viven los 500 millones de ricos de la aldea global. En Estados Unidos, segundo exportador de productos agrarios del mundo, 28 millones de personas comen gracias a los bonos de comida que reparte el Gobierno, el número más elevado desde que se creó el programa, hace 40 años.
Las tres cuartas partes de la población mundial corren el riesgo de pasar hambre, no porque haya escasez, sino debido al coste de la vida. Según el informe de IAASTD, para evitar la catástrofe no bastan ni los transgénicos ni el abandono de las políticas de apoyo a la producción de biocombustibles, que no influyen en la subida de los precios más que en un 10%. La crisis alimentaria es estructural porque está unida a la aplicación de los principios neoliberales en el sector agrario de los países en vías de desarrollo. De acuerdo con dichos principios, el mercado mundial es el mejor árbitro de la economía. Pero su mano invisible, como la definía Adam Smith , no es tan mágica como se creía.
En los últimos 20 años, mientras Europa y Estados Unidos protegían a sus agricultores, las economías emergentes y los países pobres han seguido los consejos neoliberales y han eliminado la intervención pública en el sector agrario. Estos cambios estructurales han destruido las economías locales y han creado las condiciones ideales para una agricultura ya no de autosuficiencia sino para la exportación. Ya no se produce para la economía nacional sino para la mundial y, según la ONU, los que deciden qué producir no son los gobiernos, sino las multinacionales de importaciones y exportaciones, de transformación y de distribución como Tesco y Carrefour.
El ensayo general de la crisis actual se produjo en 2005 en Níger, una de las naciones más pobres del mundo. Pocos años antes, el Gobierno había liberalizado el mercado de los cereales, una medida que atrajo la atención de los grandes exportadores e importadores. Su llegada monopolizó el mercado y facilitó el nacimiento de empresas agrarias que producen exclusivamente para la exportación, a expensas del mercado local. El país empezó a importar productos alimenticios y los precios subieron, mientras que los sueldos y el empleo no. En septiembre de 2005, tras una plaga de langosta y una grave sequía, se desató la crisis. La población no tenía suficiente dinero para comprar los productos importados que llenaban los estantes de los supermercados y, por consiguiente, empezó a morirse de hambre. Saltó la alarma internacional y empezaron a atracar las naves de ayuda en los puertos del río Níger mientras, paradójicamente, zarpaban otras con productos para la exportación. La crisis se atribuyó a las langostas y la sequía, pero no eran más que excusas: la producción agraria había descendido un mero 7,5% respecto al año anterior. El verdadero problema era la desaparición de la agricultura local, que había hecho que el país dependiera de las importaciones. Hoy, los biocombustibles y los especuladores son los chivos expiatorios de una crisis alimentaria mundial y estructural, cuyo origen está en que las economías emergentes y los países pobres dependen en exceso de las importaciones agroalimentarias.
"El Estado, no el mercado, debe ser el responsable del bienestar de los ciudadanos, sobre todo en los países en vías de desarrollo", afirma Amartya Sen, premio Nobel de Economía. Lo mismo dice un estudio reciente del Carnegie Endowment y el Instituto de Desarrollo Indira Gandhi, que advierte de que la liberalización de los mercados patrocinada por la Organización Mundial de Comercio empobrece a los ciudadanos y aumenta el desempleo rural en los países en vías de desarrollo. Es el caso de India.
El modelo neoliberal pretende redistribuir la riqueza producida mediante la apertura de los mercados. En India, el hambre afecta sobre todo al campo, pese a que el país exporta productos agrarios como el arroz, cuyo precio se ha cuadruplicado en un año. El aumento de los precios agroalimentarios, en teoría, debería hacer subir las rentas en los países exportadores, pero eso sólo es así en Occidente, donde no existe el latifundio. En los demás países, desde Níger hasta India, la subida de los precios acarrea el hambre. Lo demuestran los datos: India y Estados Unidos exportan arroz, pero mientras la renta agraria en EE UU ha aumentado el 24%, en India los que viven en el campo tienen que luchar para poder comer.
El motivo está claro, explica a The Financial Times Sushil Pawa, titular de una sociedad india de intermediación: el 50% de la población india trabaja en el sector agrario, pero sólo un mínimo porcentaje es propietario de la tierra. La gran mayoría, alrededor del 70%, está formada por asalariados y braceros que viven con menos de 70 rupias (unos dos dólares) al día. En Estados Unidos, por el contrario, la mayor parte de los agricultores trabaja sus propias tierras.
La crisis actual debe hacernos reflexionar sobre los errores de las políticas de desarrollo neoliberales e impulsar a los países pobres y emergentes a potenciar sus economías: "compre productos locales", es el lema de los expertos mundiales, sobre todo cuando se tiene en cuenta que el 65% del encarecimiento de los precios alimentarios se debe al de los transportes oceánicos. Y ya hay quien ha hecho caso. Malasia, un país importador de arroz con una producción interior que no satisface más que dos tercios de la demanda, ha puesto en marcha un programa de 1.300 millones de dólares para transformar el Estado de Sarawak, en Borneo, la zona arrocera del país.
También los consumidores ricos, que tiran un tercio del gasto diario, deben cumplir su papel. En los últimos cinco años, las importaciones alimentarias han aumentado un 20% en Europa, y en Estados Unidos, las de fruta y hortalizas se han duplicado. Los ricos quieren comer tomates, guisantes y fresas todo el año, y los gigantes alimentarios mundiales satisfacen esa demanda fomentando la producción en los países pobres del mundo, con el consiguiente perjuicio para la producción local.
Pero la crisis alimentaria ha dejado al desnudo la verdadera naturaleza del supermercado mundial: una pescadilla que se muerde la cola. Hacer la compra en Europa cuesta hoy el doble que hace un año, y el precio de las fresas autóctonas, incluso en temporada, es el mismo que el de las importaciones, porque la producción es minúscula respecto a otras épocas. He aquí un consejo desapasionado: para aliviar el hambre en el mundo y reducir los precios, empecemos a comprar alimentos locales y de temporada, hagamos la compra más a menudo y compremos menos, exactamente como hacían nuestros abuelos.

sábado, mayo 24, 2008

Poe: la mala conciencia de la modernidad

Del 26 al 30 de mayo, en el Círculo de Bellas Artes, está programado un congreso en torno a la figura de Edgar Allan Poe. De entre los distintos tipos congresos sobre grandes personajes de la literatura cabe distinguir, principalmente, dos: los que se desarrollan de tal modo que los ponentes se atragantan con las palabras más esponjosas que conocen y al final se ahogan en su propio ego, demostrando, o tratando de demostrar, cuánto saben, es decir, los congresos que son un auténtico suplicio; y luego están los demás…
Lo difícil es saber de antemano de cuál de estos congresos se trata en esta ocasión. La verdad, no tengo ni idea; pero así, leyendo un poco el programa, a mí me parece que tiene buena pinta. Personalmente, intentaré encontrar algún hueco esta semana para poder aprovechar esta oportunidad.

lunes, mayo 19, 2008

Por la lectura

Ya hace una semana que regresé de vacaciones y aún no distingo bien entre Acá y Allá: todo se me mezcla un poco. Será que es muy fácil acostumbrar los sentidos, un tanto escleróticos por el desuso, a los lugares donde la naturaleza domina al hombre y le hace recuperar una consciencia de la realidad orgánica ya casi perdida: aquí, yo, ahora, en mitad de todo esto..., y nada más. Es tan fácil acostumbrarse -de verdad- sacudirse las pulgas de lo cotidiano y sentirse de algún modo liberado por la falta de trascendencia de los actos propios, por el poco peso de sus reflexiones y su existencia, que incluso una simple experiencia burguesa de contacto superficial me ha dejado tocado y chupándome el dedo ante lo que, ya de vuelta aquí, y como diría Pessoa, “Me soy”.
Con todo esto que os cuento, lo que pretendo en el fondo es sólo justificarme por no haber sido capaz de escribir nada, ni casi leer, en esta semana que llevo en Madrid. No me sentía con fuerzas para aterrizar aún. De hecho, ahora lo hago un poco obligado, como quien se toma un jarabe, porque sé que a la larga me va a sentar bien. El empujoncito para actuar me lo da, sin saberlo, un amigo que me envía un escrito de José Luis Sampedro, que copio a continuación, contra la privatización de la lectura. Como con tantas cosas que circulan a diario por el correo electrónico, no puedo garantizar la autoría del texto; pero estoy de acuerdo en lo que se dice, quien quiera que lo diga.
Oficialmente, he vuelto (se siente...)




POR LA LECTURA


José Luis Sampedro


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.


Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.


Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.


Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:


a) obtiene algo a cambio.


b) es objeto de una sanción.


Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?


Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.


Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.





¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

jueves, abril 24, 2008

Transmisión interrumpida

Ha llegado el momento de irse un par de semanas de vacaciones.
Volveré el 12 de mayo con las neuronas ajustadas.
Abrazos



miércoles, abril 23, 2008

Día Internacional del Libro

Hoy se celebra el Día Internacional del Libro, un día muy anunciado y esperado con eso que se da en llamar “espíritu” festivo. Un día en el que convergen intereses altruistas y otros no tanto. Un día, desde luego, para aprovechar. En muchas ciudades de muchos países se van a celebrar actos oficiales, pasacalles, conferencias, tertulias, etc. Amantes de los libros -¿fetichistas?-, de la literatura, del negocio editorial, amantes de los que aman los libros, la literatura, el negocio editorial; todos juntos entorno al libro, símbolo universal de la cultura.
Orgía de letras.
¡Bravo!
Pero no olvidemos un pequeño detalle, al menos 774 millones de adultos en el mundo –según los métodos convencionales de medición- no saben leer. De acuerdo con el reciente Informe de Seguimiento de la Educación para Todos (EPT) en el Mundo, llevado a cabo por la UNESCO, uno de cada cinco adultos –en las mujeres la cifra es de una de cada cuatro, el 64% de ellos. Cómo no ¿verdad?- son analfabetos. Esto es un 20% de la población mundial. He dicho al menos porque, como se advierte en dicho informe, las cifras provienen de encuestas de hogares. “Una medición directa de las competencias básicas en lectura, escritura y cálculo aumentaría considerablemente la estimación global del número de adultos a los que se niega el derecho a aprender a leer y escribir. No es casualidad que más de las tres cuartas partes de los analfabetos adultos del mundo se concentre en tan sólo 15 países subdesarrollados, países condenados a la pobreza impuesta por las reglas del juego de los países desarrollados, es decir, por nosotros, por los que celebramos el Día Internacional del Libro.
Sin ánimo de fastidiaros:
Feliz día del libro.

viernes, abril 18, 2008

La noche de los libros

La edición 2008 de La noche de los libros llega a Madrid con fastos y oropeles.
A la hora de la verdad siempre hay menos chicha de lo que, llevado uno a engaño, cabría esperar. Sin embargo, no todo es tan malo ni tan mediocre como suelo hacerlo parecer... Este año he subrayado una actividad a la que tengo intención de asistir. A las 20:30 del día 23 de abril, en la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid tendrá lugar conferencia INFLUENCIAS, ofrecida por el escritor francés Michel Houellebecq. El resto me lo puedo perder sin que me quite el sueño.
Está claro que no es esta una ciudad a la vanguardia de la cultura, así que los cantos de sirenas oficiales no me vuelven a pillar desprevenido como en otras ocasiones. Aún no se me ha pasado el cabreo de La noche en Blanco de 2007, en la que al bajo nivel de las propuestas culturales se sumaron las ordas de paseantes y curiosos sin nada mejor que hacer. Por suerte un atisvo de lucidez me hizo abandonar el espectáculo callejero y darme a los placeres de una entraña a la brasa con dos botellas de lambrusco.

lunes, abril 07, 2008

Tres Rosas Amarillas

Me faltan dedos de la mano (soy de letras y cuando sumo en abstracto me mareo) para contar el número de veces que he deseado que existiera una librería especializada en el mundo del Relato. Ese lugar, en mi imaginación se me antojaba como un local semiclandestino, un agujero al que se accedía por la trastienda de una pollería, tras jurar tres veces que no habías leído jamás “El Código Da Vinci” y escupir sobre las baldosas desgastadas del suelo. Allí dentro habría grandes eruditos de lo breve cubiertos de moscas, amagos y borradores de cuentos garabateados en las paredes, un demente recitando todo tipo de combinaciones del dinosaurio de Monterroso sin dinosaurio, y un pavo agazapado bajo la mesa en la que dos peces voladores discuten acerca de la isotopía de la enunciación.
Tan imposible me parecía que alguien tuviera el valor de echarse a sus espaldas una librearía de relatos, que las imágenes en mi cabeza no podía guardar mucha relación con la realidad (aunque algunas de estas imágenes quizá se puedan encontrar en cualquier taller de relatos a pie de calle...).
Como en casi todo, me equivocaba. El próximo jueves 10 de abril se inaugura en Madrid la librería “Tres Rosas Amarillas” (San Vicente Ferrer, 34), dedicada, como su propio nombre delata, al relato. No es lúgubre, sino que tiene un enorme escaparate que invita a un breve vistazo por fuera y una larga estancia dentro.
Les deseo, egoístamente, mucha suerte en este proyecto.

lunes, marzo 31, 2008

A propósito de la Enciclopedia sobre Terrorismo de Estado.

Para que los sucesivos gobiernos de un país como los Estados Unidos de América del Norte hayan podido abusar tan impunemente, como lo han hecho, de su situación hegemónica sobre otras naciones del mundo, ha sido necesario por su parte, entre otras muchas estrategias de dominación, un control no sólo de los medios para la comunicación informativa, sino sobre los criterios que han determinado en la época actual lo que es o no es verdad/realidad. Esto, por supuesto, no es nada nuevo. Tampoco es nuevo que ciertas naciones del Sur hayan aprendido bien esta lección, ni que por ello, en sus estrategias de resistencia antiimperialista, hayan comenzado a aunar esfuerzos en este ámbito de lucha. En tal sentido, el Encuentro Internacional En Defensa de la Humanidad, celebrado en Caracas en 2004, y del Encuentro contra el Terrorismo, por la Verdad y la Justicia, celebrado en La Habana en 2005, dieron como fruto la creación de la Enciclopedia sobre Terrorismo de Estado, que ya se encuentra disponible en la red: http://www.terrorfileonline.org/
El objetivo de esta enciclopedia: combatir, mediante la denuncia pública, “el desarrollo del terrorismo alentado desde los Estados Unidos contra América Latina y el resto de los países del Sur.” (Cubarte).
Los casos de terrorismo “promovido, financiado y ejecutado por el gobierno norteamericano” (Terrorismo made in U.S.A en las Américas) y sus aliados han sido quizá especialmente sangrantes a lo ancho y largo de la geografía de América Latina.

La brecha del lenguaje
Desde Europa, en muchas ocasiones el discurso revolucionario de estos países del Sur se considera hoy anacrónico y retórico. Es algo que he escuchado en innumerables ocasiones: “es un discurso ingenuo”, “hay demasiada demagogia”, o el socorrido “discurso populista”. No es mi intención analizar aquí, en estas pocas líneas, el por qué de esta visión nuestra, ni cuales son las diferencias de posición con respecto a EEUU, el liberalismo económico, la democracia representativa, la justicia social, la desigualdad, el bienestar, etc., que nos condiciona y nos diferencia cuando se trata de construir un discurso político más o menos crítico. Pero hay mucho de cierto al advertir que el estilo combativo y la terminología empleada al otro lado del Atlántico dificulta la aproximación real de quienes, sin embargo, mantienen posiciones ideológicas no tan distantes. ¿Será que aquí cada vez se combate menos? En estas mismas líneas, por ejemplo, se habla de antiimperialismo, dominación, lucha, revolución, resistencia, combate, etc. No es fácil, no obstante, sustituir estos términos, que muchos consideran caducos (grave error), por otros más actuales. No hay nada más actual en aquellas latitudes que la lucha y la resistencia activa contra los ataques del mundo capitalista. Aquí, ese tipo de acción política atenta demasiado contra nuestro confort y la hemos dejado de lado, se la cedemos a quienes tienen menos que perder que nosotros... Nos estamos convirtiendo, si no lo somos ya, en Marxistas-pesimistas: defendemos el marxismo en los cafés, en los blogs, con la certeza de que el ser humano, en la práctica, no da para tanto; y eso, quizá, en el mejor de los casos. Aquí estoy yo como primer ejemplo de esto que denuncio.

Una llamada de atención general
No dejemos de asomarnos, sin embargo, a lo que se cuece en otros lares. Este caso me sirve como ejemplo, tan bueno como muchos otros, de los proyectos que se crean casi a diario en la red. Creo sinceramente que tenemos la gran responsabilidad de involucrarnos en estas iniciativas de manera, por supuesto, crítica y constructiva. Es importante, en lo que a este particular se refiere, tener la capacidad de sacar a la luz las tropelías de quienes detentan un poder que aún les parece insuficiente. Para ello, esta Enciclopedia Básica puede ser otro mecanismo válido, todo depende, en alguna medida, del apoyo que le brindemos, como creadores o lectores, y de lo bien que lo sepamos hacer.

miércoles, marzo 19, 2008

¿Que no has leído aún..."Los pasos perdidos"?

"Hombre de mi tiempo soy y mi tiempo trascendente es el de la Revolución Cubana. Escritor comprometido soy y como tal actúo" (Alejo Carpentier)


Hacía mucho tiempo que no llegaba hasta este reclinatorio para confesar mis carencias en materia literaria. No es fácil...
Próximamente, en un mes, viajaré a Venezuela. Ya llevo media docena de inyecciones en el cuerpo. Sólo me ha faltado, creo, la vacuna contra el socialismo, que me hubieran puesto gustosamente casi la mitad de las personas a las que he comentado, hasta ahora, mi plan de viaje. ¡Qué sorpresa me he llevado! A mi organismo marxista lo han intentado vacunar también a base de pildoritas profilácticas de doctrina capitalista, de miedo, y también de un poco de estupidez politizada en forma pasiva: píldoras de doxa para una alineación placentera. Todo, además, con la sutiliza de un Mamut. Parece que aún, a estas alturas, hay en mi entorno demasiada gente que me ve como oveja descarriada que puede/debe regresar al redil. Me asusta esta realidad. Me angustia tener que reconocer que la simpleza de miras, el ofuscamiento, la colonización de lugares comunes toma ya tintes de pandemia por estos lares.
Bueno, sí, pero yo me voy...
Sin embargo, para el viaje aún queda esperar un tiempo que se hace largo, la verdad. Soy consciente de lo pedante que suena, ya; pero es cierto que no se me ha ocurrido mejor manera de acortar distancias temporales y físicas que sumergirme desde ahora en Venezuela a través de la literatura. Confieso que no he sido un gran seguidor de la literatura de viajes, algún que otro libro ha caído en mis manos, Kapuscinski, Barley... alguno más, pero poca cosa. Y en cambio, la casualidad ha hecho que en esta ocasión buscara, y hallara, algunos textos remarcables. Concretamente, “Los pasos perdidos”, de Alejo Carpentier, “El mundo perdido”, de Conan Doyle y los relatos de Humbolt.
Hasta ahora he leído el primero de ellos. Me parece mentira haber pasado de largo por esta obra tantas veces. Siempre había escucha de Alejo Carpentier que su estilo barroco hacía pastosa la lectura. Nada más lejos de la realidad. Barroco y todo, he disfrutado como una mona. Reconozco mi debilidad por al surrealismo, por el realismo mágico y, desde ahora también, por lo real maravilloso.


¿Qué es lo real maravilloso?

En las siguientes líneas, extraídas de una entrevista que Carpentier concedió a la cadena británica BBC, el propio escritor diferencia entre estos tres conceptos: realismo mágico, surrealismo y lo real maravilloso.

“La palabra realismo mágico fue traída a nuestro idioma por la publicación, si no me equivoco, por las ediciones de la Revista de Occidente hacia el año 1926, de un libro de un crítico alemán llamado Franz Roh, titulado "El realismo mágico", donde analizaba la producción de los pintores expresionistas alemanes".
"Podríamos decir también que cuando André Breton en su primer manifiesto del surrealismo dice que todo lo maravilloso es bello, lo maravilloso siempre es bello, sólo lo maravilloso es bello, ya en cierto modo definía lo maravilloso".
"Lo real maravilloso, tal como yo lo entiendo, se diferencia de ambas cosas por lo siguiente".
"En el realismo mágico, tal como lo veía Franz Roh, el realismo mágico venía fabricado por el artista, por así decirlo".
"El artista se colocaba ante una tela y al representar una calle de una ciudad moderna, la llenaba de elementos misteriosos, extraños, contrastados, en una atmósfera exenta de aire, exenta de espesor, transeúntes misteriosos que nunca se miran a la cara, que nunca dialogan...es un mecanismo fabricado, un elemento maravilloso fabricado, un realismo mágico fabricado".
"Los surrealistas también, en la mayoría de los casos, producían lo maravilloso combinando objetos en una mesa, creando contrastes. Es decir, es un mundo maravilloso fabricado, premeditado".
"En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades, en los rótulos callejeros o en nuestra vegetación o en nuestra naturaleza y, por decirlo todo, también en nuestra historia".


Carpentier describió su visión de lo real maravilloso en el prólogo de “El reino de este mundo”, novela sobre la revolución haitiana. Copio a continuación parte de este texto:

"Vuelve el latinoamericano a lo suyo y empieza a entender muchas cosas. Descubre que, si el Quijote le pertenece de hecho y derecho, a través del Discurso a los cabreros aprendió palabras, en recuento de edades, que le vienen de Los trabajos y los días. Abre la gran crónica de Bernal Díaz del Castillo y se encuentra con el único libro de caballería real y fidedigno que se haya escrito —libro de caballeriza donde los hacedores de maleficios fueron teules visibles y palpables, auténticos los animales desconocidos, contempladas las ciudades ignotas, vistos los dragones en sus ríos y las montañas insólitas en sus nieves y humos. Bernal Díaz, sin sospecharlo, había superado las hazañas de Amadís de Gaula, Belianis de Grecia y Florismarte de Hircania. Había descubierto un mundo de monarcas coronados de plumas de aves verdes, de vegetaciones que se remontaban a los orígenes de la tierra, de manjares jamás probados, de bebidas sacadas del cacto y de la palma, sin darse cuenta aún que, en ese mundo, los acontecimientos que ocupan al hombre suelen cobrar un estilo propio en cuanto a la trayectoria de un mismo acontecer. Arrastra el latinoamericano una herencia de treinta siglos, pero, a pesar de una contemplación de hechos absurdos, a pesar de muchos pecados cometidos, debe reconocerse que su estilo se va afirmando a través de su historia, aunque a veces ese estilo puede engendrar verdaderos monstruos. Pero las compensaciones están presentes: puede un Melgarejo, tirano de Bolivia, hacer beber cubos de cerveza a su caballo Holofernes; del Mediterráneo caribe, en la misma época, surge un José Martí capaz de escribir uno de los mejores ensayos que, acerca de los pintores impresionistas franceses, hayan aparecido en cualquier idioma. Una América Central, poblada de analfabetos, produce un poeta —Rubén Darío— que transforma toda la poesía de expresión castellana. Hay también ahí quien, hace un siglo y medio, explicó los postulados filosóficos de la alienación a esclavos que llevaban tres semanas de manumisos. Hay ahí (no puede olvidarse a Simón Rodríguez) quien creó sistemas de educación inspirados en el Emilio, donde sólo se esperaba que los alumnos aprendieran a leer para ascender socialmente por virtud del entendimiento de los libros —que era como decir: de los códigos. Hay quien quiso desarrollar estrategias de guerra napoleónica con lanceros montados, sin monturas ni estribos, en el loma de su jameigos. Hay la prometida soledad de Bolívar en Santa Marta, las batallas libradas al arma blanca durante nueve horas en el paisaje lunar de los Andes, las torre de Tikal, los frescos rescatados a la selva de Bonanpak, el vigente enigma de Tihuanacu, la majestad del acrópolis de Monte Albán, la belleza abstracta —absolutamente abstracta— del Templo de Mitla, con sus variaciones sobre temas plásticos ajenos a todo empeño figurativo. La enumeración podría ser inacabable. Por ello diré que una primera noción de lo real maravilloso me vino a la mente calando, a fines del año 1943, tuve la suerte de poder visitar el reino de Henri Christophe —las ruinas tan poéticas, de Sans-Souci; la mole, imponentemente intacta a pesar de rayos y terremotos, de la Ciudadela La Ferrière— y de conocer la todavía normanda Ciudad del Cabo, el Cap Français de la antigua Colonia, donde una casa de larguísimos balcones conduce al palacio de cantería habitado antaño por Paulina Bonaparte. Mi encuentro con Paulina Bonaparte, ahí, tan lejos de Córcega, fue, para mí, como una revelación. Vi la posibilidad de establecer ciertos sincronismos posibles, americanos, recurrentes, por encima del tiempo, relacionando esto con aquello, el ayer con el presente. Vi la posibilidad de traer ciertas verdades europeas a las latitudes, que son nuestras actuando a contrapelo de quienes, viajando contra la trayectoria del sol, quisieron llevar verdades nuestras a donde, hace todavía treinta años, no había capacidad de entedimiento ni de medida para verlas en su justa dimensión. (Paulina Bonaparte fue, para mí, lazarillo y guía, tiento primero —a partir de la Venus de Canova— de los ensayos de indagación de los personajes que, como Bilaud-Varenne, Collot d’Herbois, Víctor Huges, habrían de animar mi “Siglo de las Luces”, visto en función de luces americanas.) Después de sentir el nada mentido sortilegio[1] de las tierras de Haití, de haber hallado advertencias mágicas en los caminos rojos de la Meseta Central, de haber oído los tambores del Petro y del Rada, me vi llevado a acercar la maravillosa realidad recién vívida a la agotante pretensión de suscitar lo maravilloso que caracterizó ciertas literaturas europeas de estos últimos treinta años. Lo maravilloso, buscado a través de las viejos clisés de la selva de Brocelianda, de los caballeros de la mesa redonda, del encantador Merlín y del ciclo de Arturo. Lo maravilloso, pobremente sugerido por los oficios y deformidades de los personajes de feria —¿no se cansarán los jóvenes poetas franceses de los fenómenos y payasos de la fête foraine, de los que ya Rimbaud se había despedido en su Alquímia del Verbo? Lo maravilloso, obtenido con trucos de prestidigitación, reuniéndose objetos que para nada suelen encontrarse: la vieja y embustera historia del encuentro fortuito del paraguas y de la máquina de coser sobre una mesa de disección, generador de las cucharas de armiño, los caracoles en el taxi pluvioso, la cabeza de león en la pelvis de una viuda, de las exposiciones surrealistas. O, todavía, lo maravilloso literario: el rey de la Julieta de Sade, el supermacho de Jarry, el monje de Lewis, la utilería escalofriante de la novela negra inglesa: fantasmas, sacerdotes emparedados, licantropías, manos clavadas sobre la puerta de un castillo. Pero, a fuerza de querer suscitar lo maravilloso o todo trance, los taumaturgos se hacen burócratas. Invocando por medio de fórmulas consabidas que hacen de ciertas pinturas un monótono baratillo de relojes amelcochados, de maniquíes de costurera, de vagos monumentos fálicos, lo maravilloso se queda en paraguas o langosta o máquina de coser, o lo que sea, sobre una mesa de disección, en el interior de un cuarto triste, en un desierto de rocas. Pobreza imaginativa, decía Unamuno, es aprenderse códigos de memoria. Y hoy existen códigos de lo fantástico, basados en el principio del burro devorado por un higo, propuesto por los Cantos de Maldoror como suprema inversión de la realidad, a los que debemos muchos “niños amenazados por ruiseñores”, o los “caballos devorando pájaros” de André Masson. Pero obsérvese que cuando André Masson quiso dibujar la selva de la isla de Martinica, con el increíble entrelazamiento de sus plantas y la obscena promiscuidad de ciertos frutos, la maravillosa verdad del asunto devoró al pintor, dejándolo poco menos que impotente frente al papel en blanco. Y tuvo que ser un pintor de América, el cubano Wilfredo Lam, quien nos enseñara la magia de la vegetación tropical, la desenfrenada creación de formas de nuestra naturaleza —con todas sus metamorfosis y simbiosis—, en cuadros monumentales de una expresión única en la pintura contemporánea. Ante la desconcertante pobreza imaginativa de un Tanguy, por ejemplo, que desde hace veinticinco años pinta las mismas larvas pétreas bajo el mismo cielo gris, me dan ganas de repetir una frase que enorgullecía a los surrealistas de la primera hornada: Vous qui ne voyez paz pensez à ceux qui voient. Hay todavía demasiados “adolescentes que hallan placer en violar los cadáveres de hermosas mujeres recién muertas” (Lautréamont), sin advertir que lo maravilloso estaría en violarlas vivas. Pero es que muchos se olvidan, con disfrazarse de magos a poco costo, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro) de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado limite”. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos, ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo, alma y bienes, en el mundo de Amadís de Gaula o Tirante el Blanco. Prodigiosamente fidedignas resultan ciertas frases de Rutilio en Los trabajos de Persiles y Segismunda, acerca de hombres transformados en lobos, porque en tiempos de Cervantes se creía en gentes aquejadas de manía lupina. Asimismo el viaje del personaje, desde Toscana a Noruega, sobre el manto de una bruja. Marco Polo admitía que ciertas aves volaran llevando elefantes entre las garras, y Lutero vio de frente al demonio a cuya cabeza arrojó un tintero. Víctor Hugo, tan explotado por los tenedores de libros de lo maravilloso, creía en aparecidos, porque estaba seguro de haber hablado, en Guernesey, con el fantasma de Leopoldina. A Van Gogh bastaba con tener fe en el Girasol, para fijar su revelación en una tela. De ahí que lo maravilloso invocado en el descreimiento —como lo hicieron los surrealistas durante tantos años— nunca fue sino una artimaña literaria, tan aburrida, al prolongarse, como cierta literatura onírica “arreglada”, ciertos elogios de la locura, de los que estamos muy de vuelta. No por ello va a darse la razón, desde luego, a determinados partidarios de un regreso a lo real —término que cobra, entonces, un significado gregariamente político—, que no hacen sino sustituir los trucos del prestidigitador por los lugares comunes del literato “enrolado” o el escatológico regodeo de ciertos existencialistas. Pero es indudable que hay escasa defensa para poetas y artistas que loan al sadismo sin practicarlo, admiran el supermacho por impotencia, invocan espectros sin creer que respondan a los ensalmos, y fundan sociedades secretas, sectas literarias, grupos vagamente filosóficos, con santos y señas y arcanos fines —nunca alcanzados—, sin ser capaces de concebir una mística válida ni de abandonar los más mezquinos hábitos para jugarse el alma sobre la temible carta de una fe. Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Haití, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podríamos llamar lo real maravilloso. Pisaba yo una tierra donde millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes licantrópicos de Mackandal, a punto de que esa fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. Conocía ya la historia prodigiosa de Bouckman, el iniciado jamaiquino. Había estado en la Ciudadela La Ferrière, obra sin antecedentes arquitectónicos, únicamente anunciada por las Prisiones imaginarias del Piranesi. Había respirado la atmósfera creada por Henri Cristophe, monarca de increíbles empeños, mucho más sorprendente que todos los reyes crueles inventados por los surrealistas, muy afectos a tiranías imaginarias, aunque no padecidas. A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único do Haití, sino patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del continente y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la fuente de la eterna juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza como la coronel Juana de Azurduy. Siempre me ha parecido significativo el hecho de que, en 1780, unos cuerdos españoles, salidos de Angostura, se lanzaron todavía a la busca de El Dorado, y que en días de la Revolución Francesa —¡vivan la Razón y el Ser Supremo!—, el compostelano Francisco Menéndez anduviera por tierras de Patagonia buscando la ciudad encantada de los Césares. Enfocando otro aspecto de la cuestión, veríamos que, así como en Europa occidental el folklore danzario, por ejemplo, ha perdido todo carácter mágico o invocatorio, rara es la danza colectiva, en América, que no encierre un hondo sentido ritual, creándose en torno a él todo un proceso inicíaco: tal los bailes de la santería cubana, o la prodigiosa versión negroide de la fiesta del Corpus, que aún puede verse en el pueblo de San Francisco de Yare, en Venezuela. Hay un momento, en el sexto canto del Maldoror, en que el héroe, perseguido por toda la policía del mundo, escapa a “un ejército de agentes y espías” adoptando el aspecto de animales diversos y haciendo uso de su don de transportarse instantáneamente a Pekín, Madrid o San Petersburgo. Esto es “literatura maravillosa” en pleno. Pero en América, donde no se ha escrito nada semejante, existió un Mackandal dotado de los mismos poderes por la fe de sus contemporáneos, y que alentó, con esa magia, una de las sublevaciones más dramáticas y extrañas de la historia. Maldoror —lo confiesa el mismo Ducasse— no pasaba de ser un “poético Rocambole”. De él sólo quedó una escuela literaria de vida efímera. De Mackandal el americano, en cambio, ha quedado toda una mitología, acompañada de himnos mágicos, conservados por todo un pueblo, que aún se cantan en las ceremonias del Voudou.[2] (Hay por otra parte, una rara casualidad en el hecho de que Isidoro Ducasse, hombre que tuvo un excepcional instinto de lo fantástico-poético, hubiera nacido en América y se jactara tan enfáticamente, al final de uno de sus cantos, de ser Le Montevidéen). Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por la ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por la revelación que constituyó su reciente descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propició, América está muy lejos de haber agotado su caudal de mitologías. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?".


Para más información sobre Alejo Carpentier:

miércoles, marzo 12, 2008

Materias primas vs alimentos

Me preguntan mi opinión, vete a saber por qué, acerca del siguiente artículo, aparecido en "El confidencial" el pasado viernes:


Nuevo dilema para los inversores: ¿forrarse con las materias primas o alimentar al Mundo?
"Los expertos en materias primas agrícolas llevan siguiendo muy de cerca el impacto negativo que el desarrollo de los biocombustibles está teniendo en el coste global de los alimentos, y consideran que la batalla entre ambos sectores, que hasta hace poco se había mantenido entre bastidores, se ha convertido en protagonista indiscutible de la actualidad.
Cuando el afamado Robert J. Froehlich , presidente del Comité de Estrategia de Inversión de Deutsche Bank, colocó a los sectores de la energía y de los alimentos en el primer y segundo puesto respectivamente en su lista de diez recomendaciones de inversión para el 2008, no pensó bien en las consecuencias socio-económicas que recomendaciones como la suya podrían tener en el mundo entero.
Posiblemente, los cientos de inversores presentes en la charla que Froehlich ofreció el pasado mes de enero en Chicago siguieron las recomendaciones del presidente, sumándose a la corriente imparable de individuos que estos días invierten desenfrenadamente en futuros sobre materias primas agrícolas en el Chicago Board of Trade, CBOT, el mercado de derivados más grande del mundo.
Esta potente corriente de inversión es una de las tres razones, pero no la más importante, detrás de las dramáticas subidas de los precios en el sector de las materias primas agrícolas. Tendencia que fue bautizada en nuestro país por este diario como ‘agflación’.
Aunque la causa fundamental de la agflación sea el progresivo aumento de las clases medias en los países emergentes como China e India, lo que provocó el salto de un 20% en los precios globales de los alimentos en el 2007 fue el aumento de la producción de biocombustibles, generados a base de maíz y de soja. Según el Banco Mundial, como resultado de las políticas de promoción de la industria de los biocombustibles, un 20% de los cultivos de maíz en Estados Unidos y un 68% en Europa se destinaron en el 2007 a la producción de energías renovables.
La batalla sale a la luz pública
Recientemente, varias voces comenzaron a señalar las negativas consecuencias de este súbito aumento de los precios. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, PMA, publicó en su página web un informe sobre el impacto de la agflación en la nutrición de millones de centroamericanos. Según el informe, la ingesta calórica de una comida regular en El Salvador no llega al 60% de lo que era en mayo del 2006. La directora ejecutiva del PMA, Josette Sheeran , concluyó el informe advirtiendo que el mundo está entrando en una “nueva era de hambrunas.”
Pero no sólo en el tercer mundo pueden observarse los estragos de la agflación. En los países desarrollados, grupos de consumidores están comenzando a sacrificar la compra de determinados tipos de alimentos, como la carne fresca, para llegar a fin de mes. El presidente George W. Bush dijo hace unos días que la industria de las renovables se enfrentaba a un nuevo problema: el precio del maíz. “El tema alimenticio y el tema energético van a chocar,” dijo Bush.
Greg Wagner , analista asociado de materias primas para la compañía Ag Resource, una firma de análisis del mercado de materias primas con sede en Chicago, dijo a Cotizalia que la tensión entre el sector energético y el alimenticio lleva sintiéndose desde hace un tiempo entre bastidores, pero que ahora comienza a subir al escenario.
“Hay fuerzas en ambos campos que se están aprovisionando para la batalla que les espera,” dijo Wagner, refiriéndose a los lobbies, especialistas en comunicación o eventos públicos contratados por los dos sectores para defender su posición.
Mientras, compañías como Monsanto o fundaciones como la de Bill Gates están desarrollando nuevas tecnologías que permiten alterar la genética del maíz, de tal manera que se pueda plantar en zonas de sequía donde antes resultaba imposible cultivarlo, según dijo a Cotizalia Joseph L. Parcell , profesor del departamento de economía agrícola de la Universidad de Missouri.
Sin embargo, este tipo de manipulación de los alimentos tiene sus reticencias en Europa. “Si la Unión Europea abriera sus puertas a todas las categorías de alimentos genéticamente modificados, esto le daría un respiro de cara a combatir la inflación agroalimentaria,” dijo Parcell.
En el caso de que los avances en este sector no permitan satisfacer las fuertes e imparables demandas de materias primas agrícolas, Parcell tiene claro que autoridades en el mundo entero terminarán sacrificando el campo de los biocombustibles en favor del de los alimentos. "


Allá va lo que tengo que decir:


Aquí tengo que dar la razón a Hobbes y a su "homo hominis lupus est".
Culpar en exclusiva a las energías renovables de las subidas en los precios de las materias primas agrícolas es, en cierto modo, como culpar a Internet de la existencia de redes de pedófilos. De la ética y el buen uso de una tecnología dependerá siempre su éxito y la minimización de sus efectos nocivos. Eso sí, echar balones fuera es un recurso muy apañado y crea una bonita cortina de humo que permite continuar con el eterno juego de intereses entre bambalinas.
Evidentemente y por desgracia, las reglas-no reglas del mercado marcan las pautas a seguir hoy día en todos los sectores, cuánto más en un sector estratégico como el de la energía, y eso no debe olvidarse ni despreciarse a la hora de innovar.
El despunte de los biocombustibles se debió, en primer lugar, a la necesidad política, económica y de sostenibilidad en el crecimiento (más aún) de los países desarrollados. En un primer momento la intención era, además de beneficiosa en términos de no-dependencia del petróleo, adecuada para el cumplimiento de los objetivos políticos de control del cambio climático, etc., etc. Economía, política y medioambiente dándose la mano. Sin embargo, a partir de ahí entra en juego, como siempre, la picaresca (que no es rasgo endémico de este país), el propio interés y la falta de ética. En el entorno europeo, por ejemplo, quizá por la excesiva ingenuidad y falta de experiencia (malicia) de los expertos en energías renovables que llevaron a cabo todo el trabajo técnico y preparatorio para el desarrollo de las directrices europeas en esta materia (a este nivel los representantes políticos básicamente figuran como elementos del decorado), los objetivos del 10% se quedaron cojos, al carecer de límites legales ante las acciones con las que, por supuesto, respondió el mercado. Ante un objetivo así, tan apetitoso, los grupos inversores no tardaron en darse cuenta de la posibilidad de negocio existente en las energías renovables, más aún cuando ciertas prácticas, al no estar prohibidas, eran perfectamente válidas. Así, por ejemplo, la compra de materias primas agrícolas sin control de la procedencia, capacidad productiva, tipo de cultivo por área geográfica, etc., se convirtió en una de las maneras naturales de abaratar costes en el proceso de producción. La ley de la oferta y la demanda, en resumen, entra en acción sin apenas restricciones, sin atender a las características especiales de una materia prima que es, por encima de todo, alimento.
Como es lógico, pues, se desata una cadena de encarecimiento de estas materias primas (soja, maíz...) y de nociva incentivación al cultivo de estos productos agrícolas para fines energéticos en zonas del planeta donde no son adecuados, de desplazamiento de otros cultivos necesarios para la alimentación básica, de efecto dominó en el encarecimiento de otros productos derivados, etc., etc., etc. A esto habría que sumarle en nuestro caso, además, las nefastas políticas sobre la producción agrícola que se han llevado a cabo en la Europa comunitaria en los últimos lustros.
En el caso de EEUU se complica esta realidad por culpa de un modelo de mercado mucho más liberal y del problema ya existente de los cultivos de maíz y sus patentes, como las de Monsalto, sobre la manipulación genética.
Desregulación y mala praxis. Las pirañas económicas se han lanzado al olor del dinero, se están comiendo la carne antes de que llegue a la olla.
El profesor Parcell, haciendo gala de una mentalidad muy norteamericana, se pregunta por qué no se abren las puertas de Europa, previo pago a las compañías propietarias de las patentes, claro, a los alimentos genéticamente manipulados. Es decir, bajo ningún concepto se plantean la posibilidad de regular el mercado, de modificar el modelo, de introducir cierta ética en la vorágine inversora, poner freno al predominio del éxito económico por encima de cualquier otro interés o necesidad del planeta.
Los biocombustibles se encuentran en un momento muy crítico. Peor aún, la población de los países más pobres del planeta se enfrenta a una muy posible situación de desabastecimiento de alimentos que son básicos para su subsistencia. ¿Se sacrificarán los biocumbustibles en favor de los alimentos? La UE se ha propuesto mantener ese objetivo del 10% a golpe de legislación. Ya veremos hasta donde llegamos.
Si atiendo a la experiencia en la resolución de otras crisis dentro de la economía de mercado, entonces yo, como Parcell, me atrevo a hacer de vidente y pronostico el sacrificio de los porcentajes de biocumbustibles. Ahora bien, mucha pena me da pensar que de nuevo no seamos capaces de controlar la avaricia de unos pocos a favor del bien común

lunes, marzo 10, 2008

Primera valoración a vuelapluma

Tras el resultado de los comicios de ayer, el horizonte de los próximos cuatro años resulta realmente decepcionante. Pierde la democracia y se consolida el bipartidismo, algo muy peligroso, muy poco deseable, para una sociedad que aún pretenda mantener viva la posibilidad del pluralismo político.
La ley D’Hont vuelve a dejar al descubierto un sistema en el que las mayorías quedan reforzadas, los nacionalismos sobre-representados y las minorías prácticamente anuladas, máxime en cuanto fuerzas que deben actuar de contrapeso a la excesiva pérdida de ideología de los partidos aglutinantes. Con el desplazamiento innegable en los últimos años del continuo político hacia la derecha, a día de hoy el supuesto centro político asume como pilares intocables e incuestionables los principios que en otro tiempo fueran exclusivos de los promotores del capital. Si bien haber dejado fuera del poder a una derecha radicalizada puede ser motivo de cierto consuelo, la pérdida injusta de escaños y de grupo parlamentario de IU deja a la izquierda de este país, además de ínfimamente representada, en una difícil situación para el futuro a corto y medio plazo.
Paren el mundo, que me bajo...

lunes, marzo 03, 2008

Sobre Gustav Flaubert...

Permitidme que emplee el primer par de líneas (algo más, que me conozco...) de esta entrada para pedir disculpas a quien se haya acercado a este blog en los últimos días y lo haya encontrado un pelín descuidado, la cama sin hacer, varias telarañas entre las secciones y un dedo y medio de polvo sobre las letras de los títulos. Mi capacidad de trabajo ha estado por los suelos, sumado esto al hecho de que me han apretado un poco las tuercas en la oficina, ¡sinvergüenzas!, y me han enviado toda una semana a hacer un curso para que sea un experto en mi trabajo ¡más sinvergüenzas aún!, y lo digo en serio...

Dicho esto, hay algo que tengo pendiente y que de hoy ya no pasa.
Unos meses atrás hice caso (suelo hacerlo, la verdad) de una recomendación encontrada en el blog de Antonio Jiménez Morato,”Vivir del Cuento”. No sólo compré el libro “Gustave Flaubert. Sobre la creación literaria: correspondencia escogida”, editado por Fuentetaja (el taller de escritura) del que Antonio hablaba entonces, sino que me puse a leerlo inmediatamente (en lugar de someterlo a la lista de espera, una pila inestable y heterogénea erigida sobre mi mesilla de noche, de la que un libro puede salir si coincide con mi capricho del día, o bien puede pasar a sostener al resto de “pacientes” por un tiempo indefinido). Como esperaba, por lo poco que ya sabía del hombre más allá del escritor, tras las primeras páginas leídas, extractos de su correspondencia personal a lo largo de los años (organizados por temas, para mayor comodidad del lector, cosa que agradecí), me encariñe de Flaubert, me sentí cercano a él, atraído por su sufrimiento, por esa sensación de angustia que padecía ante la creación de su obra literaria, por la lucidez de sus reflexiones. A nadie podría engañar, a estas alturas, si dijera que no disfruté también con el desprecio que mostraba hacia la estupidez de la burguesía, de la sociedad adormecida, del hombre moderno. Sin embrago, calculo que un poco antes de la mitad del libro, el bueno de Flaubert empezó a caerme un tanto gordo. Sin restar por ello nada del valor que le di anteriormente a todo lo que el escritor contaba en sus cartas, la repetición plomiza de sus quejas, constante, pesadísima e ininterrumpidamente egocéntrica, me alejó de él, quizá porque me recordaba demasiado a las peores pulsiones de mi propio subconsciente. A mi parecer, tras bambalinas Flaubert llego a ser demasiado Flaubert, un frasco de esencia de perfume derramado por entero, aplicado a manos llenas, algo a la vez magnífico e insoportable. Y en cambio, qué gran autor, que búsqueda de la perfección literaria, qué obra más insuperable logró dejarnos. ¿Fue su angustia y aflicción, acaso, el tributo que debía pagar para alcanzar la genialidad? Sinceramente, creo que sí. Al igual que otros grandes autores (quizá sea Kafka el ejemplo más conocido), el sufrimiento, el desasosiego interior, el contacto directo y prolongado con uno mismo, con su sujeto, se convierte a la vez en chispa y alimento de las llamas de la creación literaria y del propio infierno del autor. Conocer este lado personal del escritor es, en cierto modo, conocer un poco la profesión, la forma de vida, las pasiones y contradicciones a las que se enfrenta el artista. Me parece muy interesante mirarse en el espejo de otro ser humano en busca de un cierto grado de verdad, en el espejo de otro hombre que sufre y escribe, escribe y sufre por ello... cuánto más si ese hombre es uno de los grandes escritores de todos los tiempos, por mal que le pueda caer a uno, cuánto más si con respecto a nosotros está a años luz en tanto que artista, pero tan próximo como mortal.
¿Es imperativo separar al hombre de su obra?. Para mí, por un lado, conocer los conflictos del escritor significa realmente profundizar en el leit motiv de su escritura e incluso en las raíces de la literatura con mayúsculas. Flaubert, Kafka, Proust…, la subjetividad de su existencia enriquece, sin duda, su obra literaria; pero también nos enriquece a nosotros en cuanto que lectores, escritores, expedicionarios de la verdad del ser. Sin embargo, he de reconocer que aquí hago frontera con un conflicto moral. Hacer pública la correspondencia de Flaubert (así como con los diarios de Kafka, por ejemplo), supone un cierto grado, nada despreciable, de violación de su intimidad. ¿Hasta qué punto estamos autorizados a ello? ¿Hasta qué punto se puede justificar el querer llegar más allá de donde el propio escritor nos dejaría mirar, si aún pudiera hacerlo? Por ejemplo, en este blog critiqué en su día la decisión de la viuda de Carver de sacar a la luz no sólo textos que el propio Carver no había querido publicar (cada cual tiene sus motivos), sino que algún tiempo más tarde decidió mostrarnos cómo eran sus borradores, cómo eran sus escritos antes de pasar por las manos (la pluma también) del editor.
Esa sensación de ayanador de la intimidad la arrastré durante toda la lectura de las cartas de Flaubert y, sin embargo, cuánto las disfruté...

Frase de hoy

"Las palabras que prefiere el hombre corriente son las que permiten hablar sin tener que pensar". Dashiell Hammett.